¿Quién fue el profeta Mahoma?

Mahoma es la figura humana central de la religión del Islam. Su nombre es derivado de Muhammad, uno de los componentes de su nombre completo: Abu l’Qasim Muhammad ibn ‘Abd Allāh al-Hashimi al-Qurashi. Es reconocido por los musulmanes como mensajero y profeta de Dios (Alá, equivalente árabe de Yavé, dios de los cristianos), el último y más importante profeta del Islam.

Mahoma predicando en la Meca – imagen obtenida de Wikipedia, copyright expirado.

Los musulmanes lo consideran el restaurador de la incorruptible fe monoteísta, aquella que acompañó a Adán, Abraham, Moisés, Noé y otros profetas, elegidos para portar el mensaje divino. Además, Mahoma tuvo mucha actividad terrena: fue diplomático, mercader, filósofo, orador y general del ejército.

Mahoma nació en el año 570 en la ciudad de Meca – hoy en día es común referirse a su tierra natal como “la Meca”, centro de peregrinación de miles de musulmanes de todo el mundo oriental – y quedó huérfano a una edad temprana, por lo que fue criado por uno de sus tíos. Posteriormente consiguió trabajo como comerciante y a los 26 años se casó por primera vez, lo cual constituye una de las diferencias con líderes espirituales de otras religiones (como Jesús o Buda) a quienes no se les conoce relación con alguna mujer.

Mahoma desarrolló serios anticuerpos hacia la vida citadina, por lo que decidió retirarse en las montañas para vivir de la reflexión y la meditación. Según las creencias islámicas, fue en una cueva donde, al cumplir los 40 años de edad, recibió la primera revelación de Alá, durante el mes de Ramadán (mes en el cual se practica el ayuno y la abstinencia).

Tres años después de este hecho, Mahoma comenzó a predicar públicamente estas revelaciones, proclamando que “Dios es Uno”, que la única forma de ser aceptable ante los ojos de Dios es mediante el completo sometimiento a Su voluntad y que él era el profeta que Dios – Alá – había enviado para guiar a su pueblo.

Muerte de Mahoma – imagen obtenida de Wikipedia, original del Bilkent University, copyright expirado.

Rápidamente Mahoma consiguió sus primeros seguidores, y tuvo que enfrentarse a la hostilidad de algunas tribus de la Meca que lo consideraban como un farsante, tanto a él como a sus súbditos. Para escapar de la persecución, Mahoma y su séquito emigraron hacia Medina en el año 622, hecho que determina el inicio del calendario Islámico. En Medina, Mahoma se las arregló para reunir a las tribus en conflicto, y después de ocho años de luchas, su ejército de seguidores – que para entonces ya eran más de diez mil – conquistó Meca.

En el 632, pocos meses después de regresar a Medina tras su peregrinación de despedida, Mahoma cayó enfermo y murió, un 8 de junio. Para el momento de su muerte, la obra unificadora de Mahoma había rendido sus frutos: la mayor parte de la Península Arábiga se había convertido al Islam y las dispersas comunidades árabes se habían transformado en una fuerza política y religiosa de singulares características.

Las revelaciones (“Ayats” en árabe, que significa “señales de Dios”) que según los testimonios del mismo Mahoma, recibió hasta poco antes de morir, forman los versos del Corán (el Libro Sagrado del Islam, equivalente a la Biblia cristiana), reconocido como los musulmanes como “la palabra de Dios”, alrededor del cual se fundamenta su religión. Además del Corán, la vida de Mahoma y las tradiciones son reverenciadas por la comunidad musulmán. Cada vez que los nombres de Mahoma o de algún otro de sus profetas se mencionan, añaden la frase “que la paz sea con él”.

La vida de Mahoma es una de los temas más interesantes de la historia de la humanidad y ha sido cubierta desde diversos frentes de análisis, a pesar de que detalles precisos acerca de su vida personal permanecen en el misterio, como suele suceder con personajes históricos de la era pre-moderna. Como Mahoma es una de las figuras más influyentes en el mundo, su vida y pensamientos han sido debatidos durante siglos y han generado múltiples enfrentamientos entre sus seguidores y detractores, por lo que resulta difícil llegar a un consenso sobre su real dimensión.

Mahoma, a diferencia de otros líderes religiosos, lejos de generar consenso con respecto a su espiritualidad, ha generado rechazo por parte de Occidente, por cuanto se le asocia con posturas exacerbadas y extremistas. Esto se debe elementalmente a la cada vez menor capacidad de Occidente por reconocer la existencia de una sociedad cuyos valores y directrices morales son diametralmente diferentes a las suyas.

Mahoma y su madre ambos con velo – imagen obtenida de Wikipedia, original de un libro turrco perteneciente al archivo de Mahoma en Universidad de California en San Diego, copyright expirado.

La fuente más confiable para intentar reconstruir la vida de Mahoma es el Corán, que contiene entre sus textos ligeras alusiones a la vida del profeta, a las circunstancias de su participación concreta en la historia de la sociedad árabe y que en general, es considerado por los expertos como el registro “oficial” de las palabras pronunciadas por Mahoma.

No obstante, las primeras biografías de Mahoma datan del tercer y el cuarto siglo de la era musulmana, con algunos trabajos fundacionales que, a pesar de no haber sobrevivido al paso del tiempo, sí han podido ser recopilados por diversos investigadores y académicos. Uno de estos aurorales escritos que contienen la “sira” (conjunto de eventos y palabras del profeta) se titula La vida del Mensajero de Dios, redactado por Ibn Ishaq probablemente 120 años después de la muerte de Mahoma.

Además de estas primeras biografías, que no son del todo aceptadas por los expertos, existen las colecciones hadith (o recopilaciones de hechos relacionados a la vida de Mahoma, que comenzaron a ser redactados en el preciso momento que ocurrían), que incluyen datos provenientes de diversas generaciones durante la vida del profeta y después de su muerte.

Estas recopilaciones hadith (o “ahadith” como figuran en algunos tratados históricos), son registros de las tradiciones y dichos de Mahoma. Estas tradiciones perviven gracias a la escrupulosa práctica y obediencia que lleva a cabo la comunidad musulmana. A pesar de este origen, los investigadores occidentales toman con pinzas la posibilidad de considerarlas como fuentes exactas de información. Finalmente están las tradiciones orales, que juegan un importante papel en el entendimiento de cualquiera de las manifestaciones históricas de la antigüedad.

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